breakurbano

Recreo en la ciudad

Nutrición (Yoga), 4ta Parte Final

en julio 8, 2014

Para terminar la serie Nutrición (Yoga), esta cuarta parte es una recomendación sobre los hábitos alimenticios en la filosofía yoguística. Complementa la pregunta del porqué comen y qué es la nutrición según la filosofía yoguística visto en la primera parte, la interrogante sobre cuándo comer revisada en el segundo capítulo de la serie y la cuestión sobre cómo comer que contesta la tercera sección. En este episodio final se responde a la pregunta qué comen los yogis.

 

1904-08hathayoga.225x225-75

 

Capítulo XI: Alimentación (libro Hatha Yoga de Yogi Ramacharaka).

“Deseamos dejar resuelto el punto relativo a la elección de manjares. Aunque personalmente preferimos los de cierta clase, por creer que son los más saludables, comprendemos la imposibilidad de mudar en un día el régimen dietético seguido durante toda una vida o heredado de muchas generaciones, y así debe guiarse el individuo por su propia iniciativa y su creciente conocimiento más bien que por las ajenas afirmaciones dogmáticas. Los yogis prefieren la dieta vegetal, tanto por razones higiénicas como por la oriental aversión a comer carne de animales. Los estudiantes más adelantados de la filosofía yoguística prefieren el régimen de frutas, semillas y raíces, con un pan integral sin levadura. Pero cuando viajan por países donde predominan diferentes dietéticas no vacilan en adaptarse más o menos a las nuevas condiciones, a fin de no ser gravosos ni molestos a sus huéspedes, pues saben que si mastican e insalivan detenidamente los manjares, el estómago cuidará de lo que coman. En efecto, aun los manjares más indigestos de la cocina moderna pueden tomarse con tal de seguir el saludable procedimiento de la completa masticación.

“Así es que escribimos este capítulo con el espíritu de un yogi en viaje, pues no queremos someter a nadie a determinadas reglas. El hombre debería irse acostumbrando a un más racional régimen alimentario, en vez de verse obligado a adoptarlo de repente. Es difícil el súbito tránsito a la dieta vegetal, para quien ha estado acostumbrado toda su vida al régimen carnívoro; y aún más difícil es que el habituado a los manjares cocinados al fuego pase de un salto al régimen crudívoro.

“Todo cuanto demandamos al lector es que reflexione sobre el asunto y e valga de su instinto para escoger los manjares con la mayor variedad posible. Si en el instinto confía, lo moverá a escoger manjares que mayormente necesite en cada comida, y es preferible confiar en el instinto que someterse a un régimen inalterable. El mejor manjar es el que mayormente apetece, con tal de no apratarse a la reglas de masticación y variar la dieta cuanto consienta el gusto. Expondremos algunas cosas que el hombre racional ha de evitar, aunque las expondremos a modo de consejo. En cuanto a la abstención de carne, creemos que el hombre llegará poco a poco a comprender que la carne no es manjar apropiado; pero conviene que extinga el deseo de comerla, pues si se abstiene y la desea será lo mismo que si la comiese.

“El hombre cesará de desear carne según adelante en su evolución, pero hasta que llegue este día, no lo será beneficiosa la forzada abstención. Desde luego que muchos lectores no estarán conformes con este criterio, pero no podemos menos de reconocer que la experiencia corroborará nuestras afirmaciones.
Quien esté interesado en la cuestión de las relativas ventajas de las diversas clases de manjares puede leer cualquiera de las mejores obras que sobre trofología se han publicado en estos últimos años. Pero ha de enterarse de todos los aspectos de la cuestión y no dejarse seducir por el unilateral criterio del autor del libro que consulte. Muy interesante e instructivo es conocer el valor nutritivo de los manjares que constituyen nuestro ordinario género de alimentación, pues semejante conocimiento nos conducirá a una dieta más racional. Sin embargo, el cambio de régimen ha de ser consecuencia de la reflexión y de la experiencia del individuo más bien que de cuanto diga algún fanático o maniático por otro género de alimentación.

“Ha de considerar cada cual si come o no demasiada carne o demasiada grasa o bastante fruta, si es muy aficionado a los dulces y pasteles y si no le convendría usar pan integral. Si se nos requiriesen reglas generales respecto a la alimentación, diríamos: “Comed variedad de manjares; absteneos de los platos complicados y suculentos; no toméis muchas grasas; guardaos de las fritangas; sed parcos en las carnes y repudiad las de cerdo y las rojas; que vuestro régimen sea sencillo; no abuséis de dulces y pasteles y absteneos de repostería caliente; masticad lenta y completamente según el procedimiento ya expuesto y no receléis comer cuanto gustéis con tal de comerlo debidamente y sin temor de que os haga daño.” Opinamos que el desayuno ha de ser ligero, porque muy poco reparo necesita el cuerpo que ha descansado durante toda la noche. Si es posible, conviene hacer un poco de ejercicio antes de desayunar.

“Si el individuo adquiere el natural hábito de la completa masticación y experimenta el placer derivado del bien comer, se le desvanecerá todo anormal apetito y tendrá hambre natural. Entonces el instinto será lo bastante agudo para escoger el manjar más apropiado a cada caso y circunstancia. El instinto del hombre es un buen guía, con tal de que no lo haya echado a perder la complacencia en los absurdos platos de las modernas cocinas excitadoras del falso apetito.

“Quien se encuentre indispuesto no tema suprimir la comida o la cena para dar tiempo al estómago de terminar la emprendida tarea. Es posible vivir algunos días sin tomar alimento, aunque no aconsejamos el prolongado ayuno. Sin embargo, opinamos que en caso de enfermedad conviene dar descanso al estómago, a fin de que la energía reparadora pueda expulsar los desechos causantes del trastorno. Se observará que los animales no quieren comer cuando están enfermos y se mantienen echados hasta que, restaurada la salud, vuelven a comer. Podemos aprender provechosamente de ellos esta lección.

“No deseamos convertir a nadie en fanático o maniático respecto de la alimentación, de los que pesan, miden y analizan cada bocado. Creemos que este procedimiento es anormal y propenso a inspirar temor a ciertos manjares y henchir la mente instintiva de toda clase de errores. Nos parece mucho mejor procedimiento valerse del ordinario criterio y tomar las acostumbradas precauciones en la elección de los manjares, y sin vacilar más sobre el asunto comerlos con el pensamiento puesto en la nutrición que han de proporcionar, pues si se mastican según queda indicado, la Naturaleza obrará con arreglo a su ley. Mantengámonos tan cercanos a la Naturaleza como nos sea posible y que sus planes sean la norma de nuestra conducta.

“El hombre sano y robusto no anda con remilgos en la comida ni tampoco ha de ser escrupulosamente raro quien desee conservar su salud. Manteneos jubilosos, respirad y comed debidamente, vivid de acuerdo con las leyes de la vida y no habrá necesidad de analizar químicamente cada partícula de manjar. No tema nadie poner su confianza en el instinto, que al fin y al cabo es la natural guía del hombre”.

Tenemos fe que el conocimiento compartido que esta serie resume y condensa llegará a tierra fértil, quien lo utilizará con sabiduría, pues si no es llevado a la práctica, no es conocimiento, aunque sea comenzando con una manzana. Un nuevo mundo nos espera.

 

Fuente:

Hatha Yoga, filosofía del bienestar físico. Yogi Ramacharaka. Editorial Kier. Buenos Aires. 2005.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: