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Nutrición (Yoga), 4ta Parte Final

Para terminar la serie Nutrición (Yoga), esta cuarta parte es una recomendación sobre los hábitos alimenticios en la filosofía yoguística. Complementa la pregunta del porqué comen y qué es la nutrición según la filosofía yoguística visto en la primera parte, la interrogante sobre cuándo comer revisada en el segundo capítulo de la serie y la cuestión sobre cómo comer que contesta la tercera sección. En este episodio final se responde a la pregunta qué comen los yogis.

 

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Capítulo XI: Alimentación (libro Hatha Yoga de Yogi Ramacharaka).

“Deseamos dejar resuelto el punto relativo a la elección de manjares. Aunque personalmente preferimos los de cierta clase, por creer que son los más saludables, comprendemos la imposibilidad de mudar en un día el régimen dietético seguido durante toda una vida o heredado de muchas generaciones, y así debe guiarse el individuo por su propia iniciativa y su creciente conocimiento más bien que por las ajenas afirmaciones dogmáticas. Los yogis prefieren la dieta vegetal, tanto por razones higiénicas como por la oriental aversión a comer carne de animales. Los estudiantes más adelantados de la filosofía yoguística prefieren el régimen de frutas, semillas y raíces, con un pan integral sin levadura. Pero cuando viajan por países donde predominan diferentes dietéticas no vacilan en adaptarse más o menos a las nuevas condiciones, a fin de no ser gravosos ni molestos a sus huéspedes, pues saben que si mastican e insalivan detenidamente los manjares, el estómago cuidará de lo que coman. En efecto, aun los manjares más indigestos de la cocina moderna pueden tomarse con tal de seguir el saludable procedimiento de la completa masticación.

“Así es que escribimos este capítulo con el espíritu de un yogi en viaje, pues no queremos someter a nadie a determinadas reglas. El hombre debería irse acostumbrando a un más racional régimen alimentario, en vez de verse obligado a adoptarlo de repente. Es difícil el súbito tránsito a la dieta vegetal, para quien ha estado acostumbrado toda su vida al régimen carnívoro; y aún más difícil es que el habituado a los manjares cocinados al fuego pase de un salto al régimen crudívoro.

“Todo cuanto demandamos al lector es que reflexione sobre el asunto y e valga de su instinto para escoger los manjares con la mayor variedad posible. Si en el instinto confía, lo moverá a escoger manjares que mayormente necesite en cada comida, y es preferible confiar en el instinto que someterse a un régimen inalterable. El mejor manjar es el que mayormente apetece, con tal de no apratarse a la reglas de masticación y variar la dieta cuanto consienta el gusto. Expondremos algunas cosas que el hombre racional ha de evitar, aunque las expondremos a modo de consejo. En cuanto a la abstención de carne, creemos que el hombre llegará poco a poco a comprender que la carne no es manjar apropiado; pero conviene que extinga el deseo de comerla, pues si se abstiene y la desea será lo mismo que si la comiese.

“El hombre cesará de desear carne según adelante en su evolución, pero hasta que llegue este día, no lo será beneficiosa la forzada abstención. Desde luego que muchos lectores no estarán conformes con este criterio, pero no podemos menos de reconocer que la experiencia corroborará nuestras afirmaciones.
Quien esté interesado en la cuestión de las relativas ventajas de las diversas clases de manjares puede leer cualquiera de las mejores obras que sobre trofología se han publicado en estos últimos años. Pero ha de enterarse de todos los aspectos de la cuestión y no dejarse seducir por el unilateral criterio del autor del libro que consulte. Muy interesante e instructivo es conocer el valor nutritivo de los manjares que constituyen nuestro ordinario género de alimentación, pues semejante conocimiento nos conducirá a una dieta más racional. Sin embargo, el cambio de régimen ha de ser consecuencia de la reflexión y de la experiencia del individuo más bien que de cuanto diga algún fanático o maniático por otro género de alimentación.

“Ha de considerar cada cual si come o no demasiada carne o demasiada grasa o bastante fruta, si es muy aficionado a los dulces y pasteles y si no le convendría usar pan integral. Si se nos requiriesen reglas generales respecto a la alimentación, diríamos: “Comed variedad de manjares; absteneos de los platos complicados y suculentos; no toméis muchas grasas; guardaos de las fritangas; sed parcos en las carnes y repudiad las de cerdo y las rojas; que vuestro régimen sea sencillo; no abuséis de dulces y pasteles y absteneos de repostería caliente; masticad lenta y completamente según el procedimiento ya expuesto y no receléis comer cuanto gustéis con tal de comerlo debidamente y sin temor de que os haga daño.” Opinamos que el desayuno ha de ser ligero, porque muy poco reparo necesita el cuerpo que ha descansado durante toda la noche. Si es posible, conviene hacer un poco de ejercicio antes de desayunar.

“Si el individuo adquiere el natural hábito de la completa masticación y experimenta el placer derivado del bien comer, se le desvanecerá todo anormal apetito y tendrá hambre natural. Entonces el instinto será lo bastante agudo para escoger el manjar más apropiado a cada caso y circunstancia. El instinto del hombre es un buen guía, con tal de que no lo haya echado a perder la complacencia en los absurdos platos de las modernas cocinas excitadoras del falso apetito.

“Quien se encuentre indispuesto no tema suprimir la comida o la cena para dar tiempo al estómago de terminar la emprendida tarea. Es posible vivir algunos días sin tomar alimento, aunque no aconsejamos el prolongado ayuno. Sin embargo, opinamos que en caso de enfermedad conviene dar descanso al estómago, a fin de que la energía reparadora pueda expulsar los desechos causantes del trastorno. Se observará que los animales no quieren comer cuando están enfermos y se mantienen echados hasta que, restaurada la salud, vuelven a comer. Podemos aprender provechosamente de ellos esta lección.

“No deseamos convertir a nadie en fanático o maniático respecto de la alimentación, de los que pesan, miden y analizan cada bocado. Creemos que este procedimiento es anormal y propenso a inspirar temor a ciertos manjares y henchir la mente instintiva de toda clase de errores. Nos parece mucho mejor procedimiento valerse del ordinario criterio y tomar las acostumbradas precauciones en la elección de los manjares, y sin vacilar más sobre el asunto comerlos con el pensamiento puesto en la nutrición que han de proporcionar, pues si se mastican según queda indicado, la Naturaleza obrará con arreglo a su ley. Mantengámonos tan cercanos a la Naturaleza como nos sea posible y que sus planes sean la norma de nuestra conducta.

“El hombre sano y robusto no anda con remilgos en la comida ni tampoco ha de ser escrupulosamente raro quien desee conservar su salud. Manteneos jubilosos, respirad y comed debidamente, vivid de acuerdo con las leyes de la vida y no habrá necesidad de analizar químicamente cada partícula de manjar. No tema nadie poner su confianza en el instinto, que al fin y al cabo es la natural guía del hombre”.

Tenemos fe que el conocimiento compartido que esta serie resume y condensa llegará a tierra fértil, quien lo utilizará con sabiduría, pues si no es llevado a la práctica, no es conocimiento, aunque sea comenzando con una manzana. Un nuevo mundo nos espera.

 

Fuente:

Hatha Yoga, filosofía del bienestar físico. Yogi Ramacharaka. Editorial Kier. Buenos Aires. 2005.

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Nutrición (Yoga), 3ra Parte

Continuando con la serie Nutrición (Yoga), en esta tercera parte se habla sobre los métodos de nutrición, complementando la pregunta del porqué comen y qué es la nutrición según la filosofía yoguística visto en la primera parte, y la pregunta sobre cuándo comer revisada en el segundo capítulo de la serie. En este artículo se dará respuesta a la cuestión sobre el cómo se come según la filosofía del Hatha Yoga.

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Capítulo X: Absorción del prana (extracto libro Hatha Yoga de Yogi Ramacharaka).

“De mil maneras cabe demostrar la sagacidad con que la Naturaleza combina varias funciones en un órgano y cómo hace agradables ciertas funciones indispensables para la vida. En este capítulo expondremos uno de los más sorprendentes ejemplos de dicha índole. Veremos cómo se las compone la Naturaleza para efectuar varias funciones al mismo tiempo y cómo hace placenteras las de mayor necesidad en la vida del organismo.

“Consideremos primeramente la teoría yoguística de la absorción del prana extraído de los alimentos. Según esta teoría, todo cuanto al hombre y a los animales sirve de alimento contiene cierta modalidad de prana absolutamente necesaria para mantener el vigor y la energía del organismo, y que absorben los nervios de la boca.

“En el acto de la masticación queda libre dicho prana, y al dividirse en menudas partículas los manjares, se pone en contacto con los carrillos, lengua y dientes el mayor número posibles de átomos de prana. Cada átomo de alimento contiene numerosos electrones de prana nutritivo o energía nutritiva, y esos electrones quedan en libertad merced a la masticación y a la acción de ciertos sutiles constituyentes químicos de la saliva que escapan al análisis de los químicos modernos y cuya existencia no sospechan los actuales investigadores, aunque tenemos la completa seguridad  de que la demostrarán los futuros.

“Una vez librado de los manjares el prana alimenticio pasa a través de la carne y los huesos hasta llegar a los nervios de la boca, que lo transportan rápidamente a los numerosos centros del sistema nervioso, de donde se distribuye por todas partes del cuerpo que lo utilizan para suministrar energía y vitalidad a las células. Tal es la sumaria exposición de la teoría (…).

“El estudiante se extrañará acaso de que sea necesario extraer de los alimentos ese prana, siendo que el aire está cargado de dicha energía y se requiere mucho esfuerzo por parte de la Naturaleza para extraerla de los alimentos.

“Pero la explicación está en que si bien todo prana es sencillamente prana, así como respecto a la electricidad, hay varias modalidades de corriente eléctrica con muy distintos efectos en el organismo humano, de la propia suerte hay varias modalidades de prana, cada una con una peculiar acción, en el cuerpo físico, pero todas necesarias para las distintas funciones (…). Lo importante es saber que el alimento contiene prana necesario para el cuerpo humano, y que solo es posible extraerlo por medio de la masticación para que lo absorban los nervios de la boca.

“Consideremos ahora cómo combina la Naturaleza dos importantes efectos en los actos de la masticación y la insalivación. En primer lugar, la ley natural exige que cada partícula de alimento se mastique o insalive antes de la deglución, y cualquier descuido a este respecto acarrea seguramente una incompleta o deficiente digestión.

“La perfecta masticación es un natural hábito del hombre, descuidado por las exigencias de la vida artificial a que lo somete la civilización. Es necesario masticar el alimento para que se mezcle con la saliva y pueda fácilmente deglutirse y mezclarse después con el jugo gástrico y los jugos intestinales. La masticación provoca la afluencia de saliva, factor muy necesario en el proceso de la digestión. La insalivacipon de los alimentos es un acto del proceso digestivo, y la saliva efectúa una obra que no puede realizar ningún otro jugo digestivo. (…) A la estrategia de la Naturaleza se ha de atribuir la simultaneidad de la insalivación y la absorción de prana alimenticio, con notable economía de esfuerzo.

“En el estado natural del hombre, la masticación era un acto muy agradable, y así es en los animales y en los niños. El animal mastica su alimento con sumo deleite, y el niño chupa, lame, mastica y retiene el manjar en la boca durante mucho más tiempo que el adulto, hasta que sigue el ejemplo de sus padres y se acostumbra a engullir sin apenas triturar.

“Dice Fletcher en su obra sobre este asunto que el placer de saborear los manjares durante la masticación lo proporciona el sentido del gusto; pero la teoría yoguística aunque reconoce la mucha intervención de gusto, afirma que hay además un indescriptible sentimiento de satisfacción en mantener los manjares en la boca, paladearlos, darle vuelta con la lengua, masticarlos de modo que bien insalivados se deglutan casi inconscientemente. Sostiene Fletcher que mientras tenga sabor una partícula de manjar podrá servir de alimento. Los yogis también lo creen así, pero añaden que hay otra sensación placentera en retener los manjares en la boca sin tragárselos, y que esta agradable sensación persiste hasta que a masticación ha extraído todo el prana del manjar.

“Así es que quien siga ese procedimiento en la comida, siquiera parcialmente, no engullirá los manjares sin apenas masticarlos, sino que por efecto de la cuidadosa masticación e insalivación, el bolo alimenticio se deslizará casi sin sentir por el esófago. Esta sensación se experimenta lo mismo con lo más sencillos manjares que con los más sabrosos y exquisitos.

“Es casi imposible describir esta sensación, pues no hay en los idiomas europeos palabra a propósito para expresar el concepto, pues los pueblos occidentales no acertaron a experimentarla. Lo mejor que cabe hacer es compararla con otras sensaciones, a riesgo de que resulte ridícula la comparación.

“(…) Otro ejemplo es la sensación que experimenta quien está junto al ser amado. En este caso hay un intercambio de magnetismo o pensamiento cargado de prana, cuya influencia es en verdad evidente. Un beso de la persona amada está tan henchido de magnetismo que de pies a cabeza se estremecen de placer tanto el que da como el que con el mismo efecto lo recibe.

“Esto da muy imperfecta idea de lo que acabamos de describir.

“El placer dimanante de una sana y normal masticación no proviene únicamente del sabor agradable de los manjares, sino también y en gran parte de la peculiar sensación que se experimenta al absorber prana, lo cual es análogo a los ejemplos mencionados, aunque hasta que el individuo reconozca la similitud de las dos masticaciones de energía el citado ejemplo puede provocar risa o mover al ridículo¹.

“Quien haya dominado el falso apetito, tan a menudo confundido con el hombre, masticará una dura corteza de pan integral y no sólo logrará cierta satisfacción del sabor del alimento en la corteza contenido, sino experimentará la sensación a la que hemos aludido.

“Se necesita un poco de práctica para desechar el hábito del falso apetito y volver a los métodos naturales. Los manjares más nutritivos son siempre los más sabrosos para el gusto normal, pues conviene tener en cuenta que el prana alimenticio está contenido en los manjares en razón directa de su valor nutritivo, lo cual es nuevo ejemplo de la sabiduría de la Naturaleza.

“El yogi come despacio y mastica cada bocado mientras le halla agradable sabor. En la mayoría de los casos esta sensación persiste mientras permanece el alimento en la boca, pues el involuntario proceso de la Naturaleza va disolviendo lentamente el alimento hasta que se deglute sin sentir.

“El yogi mueve poco a poco la mandíbula y deja que la lengua acaricie el alimento y que los dientes lo trituren suavemente, pensando en que así extrae el prana de él y lo absorben los nervios d ela boca para estimular y fortalecer el organismo y llenar los depósitos de energía. Al propio tiempo ha de pensar el individuo en que está preparando debidamente el alimento para las digestiones estomacal e intestinal, a fin de proporcionar materiales para la renovación del cuerpo.

“Quienes sigan el método de los yogis obtendrán de los manjares mucha mayor sustancia nutritiva que la generalidad de las gentes, porque cada grano de alimento cede el máximo de elementos nutritivos, mientras que si los majares se tragan a medio masticar e insalivar, muchos elementos nutritivos se desperdician y se expulsan del organismo con los excrementos. En dicho método sólo se expulsa del organismo lo realmente inútil e inservible, pues de los manjares se extraen cuantos elementos nutritivos contienen y sus átomos ceden gran cantidad de prana.

“El movimiento que al bolo alimenticio comunican las mandíbulas, lengua y carrillos en el acto de la masticación es causa de que los nervios de la boca vayan extrayendo el prana de los manjares.

“Los yogis mantienen durante largo rato el alimento en la boca, lo mastican lenta y completamente hasta deglutirlo por el proceso involuntario, y experiementan entonces el gozo resultante de la extracción de prana.

“Cada cual puede hacer la prueba cuando tenga tiempo y oportunidad colocándose en la boca un pedazo de manjar y masticarlo lentamente, dejando que se disuelva en la boca, como haría con un terrón de azúcar (…).

“Por ejemplo, si tomamos una corteza de pan y la masticamos completamente con la idea de ver cuánto tiempo durará en la boca sin deglutirla, sino que poco a pocose irá marchando de la boca según se vaya reduciendo a una masa pastosa hasta desaparecer. Sin embargo, esta corteza de pan nos habrá proporcionado de este modo doble cantidad de elementos nutritivos y triple cantidad de prana que un pedazo de pan de igual tamaño engullido a medio masticar.

“(…) Aconsejamos al lector que experimente por si mismo cuanto dejamos expuesto acerca de la masticación de los manjares y absorción de prana. Cuando se le depare oportunidad de lugar y tiempo (…), si el lector prueba comer de este modo una manzana,  se sorprenderá al experimentar después la misma sensación satisfactoria como si hubiese comido una abundate ración de cualquier otro manjar y notará el acrecentamiento de sus fuerzas.

“Comprendemos perfectamente cuán fácil le es al yogi tomarse todo el tiempo necesario para comer pausadamente, y cuán difícil le es tal lentitud al presuroso negociante occidental, por lo que no esperamos que nadie sea capaz de extirpar radicalmente en un momento un hábito inveterado. Pero tenemos la seguridad de que la perseverante práctica acabará por desterrar el viejo y rutinario procedimiento de la incompleta masticación y substituirlo por el de los yogis, de suerte que proporcione mayor placer al paladar y se aprenda a masticar lentamente, esto es, difiriendo la deglución hasta que por sí misma se efectúe.

“Un nuevo mundo en el sentido del gusto se le abre a quien sigue el método yoguístico, y no sólo comerá com mucho más placer que antes, sino que digerirá más fácilmente y acrecentará su vitalidad, porque se asimilará mucho mayor proporción de elementos nutritivos y gran suma de prana.

“Quien tenga tiempo y ocasión de llevar este método a su extremado límite obtendrá de una relativamente corta ración una casi increíble cantidad de substancia nutritiva, sin dejar desecho alguno, según podrá observarse cronológicamente.

“Quienes sufren de anemia, malas digestiones, enflaquecimiento y menoscabo de la vitalidad, encontrarán alivio si adoptan el indicado plan.

“Tienen los yogis fama de sobrios y aun parcos en la comida; y sin embargo, comprenden perfectamente la valía y necesidad de una completa nutrición, por lo que siempre mantienen el cuerpo bien nutrido y provisto de los materiales a propósito para su reparo y reconstrucción.

“El secreto de esta aparente anomalía consiste en que el yogi no desperdicia ni una partícula de alimento, pues de todas extrae los principios nutritivos que contienen.

“No se recarga nunca de materias mixtas que embotan el organismo y cuya eliminación consume gran cantidad de energía. Obtiene el máximo de nutrición del mínimo de alimentos y gran cantidad de prana de una relativamente escasa ración.

“Aunque de pronto no sea el individuo cpaz de seguir rigurosamente el indicado método, puede lograr no poca ventaja en ensayarlo.

“Nosotros nos contraemos a exponer los principios generales. Lo demás lo ha de hacer cada cual por sí mismo, puesto que es la única manera de aprender las cosas, cualquiera sea el método.

“Hemos repetido varias veces que la actividad mental favorece poderosamente la absorción de prana, tanto del extraído del aire como del alimento.

“Si mantenemos el pensamiento de que estamos absorbiendo todo el prana contenido en el bocado y asociamos este pensamiento al de ‘nutrición’, acrecentaremos la eficacia del método”.

Esta serie tiene la intención de entregar una visión integrada del significado de la nutrición dentro de la filosofía yoguística. Para el yogui parece ser tan importante la forma en que nos nutrimos, la actitud con la que estamos alimentándonos, como el tipo de alimento que nos nutre. Estaba pensada como una trilogía sobre la nutrición enmarcada en la filosofía del Hatha Yoga, centrada en la disposición mental del yogi, sin embargo, se ha decidido agregar un episodio más, aclarando con qué tipo de alimentos se nutre el hatha yogi. Para ese propósito adelantamos una conclusión: “No tema nadie poner su confianza en el instinto, que al fin y al cabo es la natural guía del hombre”.

¹Conviene advertir que según los yogis, el prana, o la prana, como con mayor propiedad gramatical debiera llamarse, es la energía universal, la única energía que se manifiesta en las diversas modalidades de la electricidad, luz, magnetismo, calor y fuerza vital — (N. del T)

 

Fuente:

Hatha Yoga, filosofía del bienestar físico. Yogi Ramacharaka. Editorial Kier. Buenos Aires. 2005.

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