breakurbano

Recreo en la ciudad

La Señorita Elvirita. (Cuento Costumbrista)

Buenas días niños:

Deseo conversar con ustedes, porque veo que terminaron sus tareas y tienen que descansar un momento, pero los quiero invitar para que escuchen como fue mi paso por la escuela básica aquí en Arica, cuando yo era pequeño como ustedes, más o menos unos 70 años atrás. Mi profesora era una dama peruana; se llamaba Elvirita y le decían Señorita Elvirita. Aprendí a leen en su escuelita que estaba ubicada en calle Patricio Lynch. En ese tiempo nuestra ciudad tenía pocos habitantes y no existían los parvularios. La escuela de la Señorita Elvirita tenía una particularidad, pues cada estudiante, en el mes de marzo, debía llevar su respectiva silla la que retiraba en diciembre.

Ella era muy conocida en el sector central ariqueño, porque aparte de enseñar a leer también era fabricante de chicha de jora (maíz fermentado con azúcar rubia); esta actividad la relaizaba mientras nosotros hacíamos tareas o repasábamos el Silabario Matte. Diariamente recibía la visita de compradores de su bebida, porque había escasez de refrescos y no se conocía la Coca Cola. En varios barrios existían otros fabricantes de chicha de jora, pero actualmente ya nadie lo hace; este refresco se consume bastante en la ciudad de Tacna, por ser una costumbre del Sur Peruano. Para conservar la chicha se guardaba en chuicos de 10 ó 15 litros, forrados con arpillera como especie de chaleco, los cuales eran mojados constantemente para que mantuvieran helado el líquido. Dicen que este sistema se utilizaba en la pampa salitrera, lo cual tenía excelentes resultados.

Deseo contar una anécdota que ocurrió con la Señorita Elvirita. Fue en el mes de febrero, cuando se iniciaba el periodo de matrícula ella iba a mi casa, pues yo vivía enfrente y me pedía que fuera a leer el diario ante los apoderados, como una demostración de la calidad de su enseñanza. Esto permitía que aumentara su matrícula por el resultado de la lectura. Mi actuación como lector tenía un premio. Ella me servía un vaso de chicha de jora y ese era un gran momento de felicidad infantil.

En nuestra escuelita no teníamos televisión, ni otros elementos modernos como los que ustedes disponen ahora; solamente existía radio y las tareas resultaban un poco más difíciles para realizarlas. Los felicito, porque ahora cuentan con tantos adelantos que les permiten estudiar en mejor forma. Por eso les pido que aprovechen estos inventos que entregan los tiempos modernos. Tienen que ocuparlos en buena forma, respetando a todas las personas y utilizándolos de acuerdo a lo que enseñan sus profesores.

Siempre, tengo palabras de agradecimiento y recuerdos imborrables de mi primera profesora la Señorita Elvirita. Gracias a ella muchos jóvenes ariqueños pudieron continuar sus estudios exitosamente, logrando triunfar en la vida.

Los dejo para que sigan haciendo sus tareas. Envío cariñosos saludos a sus padres y familiares; otro día les contaré más recuerdos de mi niñez para que conozcan momentos agradables de la historia ariqueña.

Será hasta una próxima oportunidad y me despido dando las gracias a la Señorita Elvirita, por su gran labor educacional en la puerta Norte de Chile.

Lutgardo O. Álvarez Miranda.
Rapsodas Fundacionales

2 comentarios »

A %d blogueros les gusta esto: